Última semana de agosto.
La instalación empieza a despertar. Vuelve la gente, se encienden líneas, y esa calma rara de las fábricas vacías se va apagando.
Se acabó lo bueno.
Hace un par de semanas te propuse un paseo. Dos minutos por línea, mirando las mangueras que nadie había tocado en meses, aprovechando que todo estaba parado y frío.
Si lo hiciste, ya sabes lo que tienes. Sabes cuáles están perfectas y cuáles te miraban con cara rara.
Si no lo hiciste, todavía estás a tiempo. Pero corre, porque la ventana se cierra. En cuanto la línea vuelva a producir, esa manguera se vuelve intocable otra vez hasta la próxima parada. Y la próxima parada igual es en Navidad.
No te voy a dar la turra en agosto. Bastante has aguantado ya.
Solo esto: lo que decidas mirar ahora, con calma, es lo que te ahorrará un susto en octubre con todo a tope.
Que la vuelta sea suave.
Y si en el paseo apareció algo que no te gustó, aquí seguimos. Ahora ya sin la excusa del verano.
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