En 1965 alguien hizo una pregunta incómoda.
De esas que molestan porque obligan a mirar donde nadie estaba mirando.
La pregunta era esta:
Piénsalo un segundo.
Hasta entonces el plástico era el material milagroso. Barato. Ligero. Moldeable. Entraba en las fábricas farmacéuticas por la puerta grande y nadie le pedía el DNI.
Se daba por hecho que era inerte.
Se daba por hecho.
Y ahí está el problema. Porque «dar por hecho» y «demostrar» son dos cosas distintas, y en farma solo una de las dos vale.
Cinco años antes, en 1960, ya se había reconocido oficialmente que un plástico en contacto con un medicamento podía suponer un riesgo para el paciente. No era una sospecha de laboratorio. Era una advertencia.
Pero una advertencia sin método no sirve de nada.
Puedes decir «esto podría ser peligroso» mil veces. Mientras no tengas una forma de medirlo, es una opinión.
Así que en 1965 la Farmacopea de Estados Unidos hizo lo que había que hacer.
Publicó los ensayos.
Inyección sistémica. Intracutáneo. Implantación.
Y con ellos, una clasificación: seis clases de plásticos según cómo se comportan dentro de un organismo vivo.
De la Clase I a la Clase VI.
La Clase VI es la de arriba. La más estricta. La que exige pasar los tres ensayos.
Cuando alguien de compras me pide precio de una manguera para farma, a veces me dice: «pero es que hay otra más barata».
Sí. Claro que la hay.
La diferencia no está en la goma. La diferencia está en que una tiene detrás sesenta años de gente haciéndose preguntas incómodas, y la otra no.
Cuando te vendemos una manguera con USP Class VI, no te vendemos un sello bonito.
Te vendemos la respuesta a una pregunta que costó mucho responder.
Porque el papel no es burocracia.
El papel es alguien que se levantó un día de 1965 y dijo: un momento, ¿y si el material está soltando algo?
Ese alguien te hizo un favor. A ti, a mí, y a todo el que se toma una pastilla sin pensar en la tubería por la que pasó.
Yo llevo treinta años en esto y todavía me parece increíble que hubiera que preguntarlo.
Pero hubo que preguntarlo.
Y menos mal.
Hasta la semana que viene.
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